La nieve caía suavemente sobre las montañas de Colorado aquella noche de diciembre de 2008. El viento helado silvaba entre los pinos, mientras cinco siluetas se movían entre risas por el sendero que llevaba de vuelta a la pequeña cabaña que compartían durante su programa de intercambio.
“¡Vamos, Tyler! No seas tan lento”, gritó Emma Rodríguez, ajustándose el gorro tejido sobre sus oscuros rizos. A sus 21 años, la estudiante de periodismo de Ukla era conocida por su impaciencia y determinación. Su acento de Nueva York contrastaba con el silencio de las montañas. Tyler Brenan, un estudiante de medicina de Harvard, alto y atlético, avanzaba con dificultad por el camino nevado.
“Lo siento si algunos preferimos observar las estrellas en lugar de correr como locos”, respondió mientras señalaba el cielo cristalino sobre ellos. Unos metros más adelante, Marcus Chen revisaba compulsivamente su teléfono. El estudiante de tecnología del MIT mordía su labio con nerviosismo, un gesto que se había vuelto más frecuente en las últimas semanas. “Sigo sin tener señal”, murmuró.
“Más para sí mismo que para los demás. Bienvenido a la vida rural, genio de la tecnología, se burló Sara de la Croa estudiante de derecho de Columbia mientras pasaba junto a él. Su cabello rubio platinado brillaba bajo la luz de la luna. Pensé que este aislamiento era parte del encanto, añadió con su característico acento de Nueva Orleans.
Jake Sullivan, estudiante de antropología de la Universidad de Chicago, caminaba en silencio al frente del grupo. De todos ellos, Jake era quien más había insistido en participar en este programa específico en Shadow Creek, una remota población de apenas 800 habitantes. Hay algo extraño en este lugar”, dijo de repente deteniéndose y mirando hacia el bosque. Otra vez con eso, Jake.

Emma puso los ojos en blanco. “Has estado paranoico desde que llegamos. No es paranoia”, respondió Jake con seriedad. “He estado recopilando información. Las estadísticas de personas desaparecidas en esta región son anormalmente altas comparadas con otras zonas rurales similares.” Sara resopló.
Suenas como uno de esos teóricos de la conspiración que mi padre defiende en la corte. Marcus levantó la vista de su teléfono. En realidad, Jake podría tener razón. He estado intentando acceder a los registros locales, pero el sistema está sorprendentemente bien protegido para un pueblo tan pequeño. Tyler se detuvo junto a ellos. ¿Por qué no nos habías contado eso antes? Porque sonaba ridículo, respondió Marcus guardando finalmente su teléfono.
Pero llevo tres días intentando acceder y hay algoritmos de encriptación que no deberían estar en los sistemas de un pueblo como este. El grupo quedó en silencio mientras la nieve continuaba cayendo a su alrededor. habían llegado a Shadow Creek hace apenas un mes para un programa interdisciplinario de investigación ambiental y desarrollo comunitario.
Cinco estudiantes brillantes seleccionados entre cientos de aplicantes de todo el país. “Deberíamos volver”, dijo finalmente Sara. El profesor Harwell dijo que quería vernos temprano mañana para la excursión al antiguo sitio minero. Reanudaron la marcha hacia la cabaña. J. no podía evitar mirar constantemente por encima de su hombro. Desde su llegada había notado comportamientos extraños entre los habitantes.
Sonrisas demasiado tensas, miradas que se desviaban, conversaciones que se detenían abruptamente cuando ellos se acercaban. La cabaña apareció finalmente entre los árboles. Era una estructura rústica, pero acogedora, proporcionada por la universidad para el programa de intercambio. Luces amarillentas brillaban a través de las ventanas empañadas.

“Dejamos las luces encendidas?”, preguntó Tyler frunciendo el ceño. No respondió Emma súbitamente tensa. Estoy segura de que las apagamos antes de salir al pueblo. Los cinco se detuvieron instintivamente. Jake fue el primero en moverse hacia adelante. Quizás el profesor Harwell vino a dejarnos algo para mañana. Marcus lo detuvo por el brazo. El profesor nunca viene después de las 8.
dijo que el camino es demasiado peligroso en la oscuridad. “Llamemos a la policía”, sugirió Sara. Pero todos sabían que el teléfono más cercano estaba en el pueblo, a casi 2 km por el sendero nevado que acababan de recorrer. “Voy a ver”, decidió Jake avanzando cautelosamente. “Iré contigo”, ofreció Tyler siguiéndolo. Los tres restantes esperaron en tensión mientras sus compañeros se acercaban a la cabaña.
Jake subió los escalones del porche con Tyler justo detrás. A través de la ventana pudieron ver que la sala estaba exactamente como la habían dejado. No había señales de intrusos. Jake giró el pomo de la puerta y esta se abrió con facilidad. No está forzada, susurró a Tyler. Entraron lentamente. El interior estaba cálido y en perfecto orden.
Las mochilas de cada uno seguían donde las habían dejado, los libros abiertos sobre la mesa rústica del comedor. “No entiendo”, dijo Tyler relajándose ligeramente. “Todo parece normal.” Jake se dirigió hacia la cocina mientras Tyler hacía señas a los demás para que entraran. Marcus, Emma y Sara subieron al porche con evidente alivio.
Falsa alarma, anunció Tyler mientras cerraban la puerta tras ellos. Jake regresó de la cocina con expresión confundida. Hay café recién hecho dijo, y cinco tazas servidas en la encimera. Un escalofrío recorrió la habitación que no tenía nada que ver con el frío exterior. “Esto no tiene sentido”, murmuró Sara acercándose instintivamente a los demás.
Marcus se acercó a las tazas y las observó con cautela. “Están calientes”, confirmó. Alguien estuvo aquí hace minutos. El sonido de un motor rompió el silencio. Luces brillantes iluminaron súbitamente las ventanas mientras un vehículo se detenía frente a la cabaña. “Esperamos a alguien”, preguntó Emma con la voz temblorosa. Nadie respondió.

Las luces del vehículo se apagaron, pero el motor seguía ronroneando en la noche. Pasos pesados resonaron en el porche. Luego tres golpes firmes en la puerta. Los cinco intercambiaron miradas tensas. Jake fue quien finalmente se acercó a la puerta. ¿Quién es?, preguntó con voz que intentaba sonar firme.
Sheriff Dawson, departamento de policía de Shadow Creek, respondió una voz grave al otro lado. Abran, por favor, tenemos que hablar. Jake miró a sus compañeros antes de abrir lentamente la puerta. En el umbral estaba el sheriff Dawson, un hombre corpulento de unos 50 años con rostro impasible. Detrás de él, dos agentes uniformados permanecían firmes.
“Buenas noches, jóvenes”, dijo el sherifff quitándose el sombrero. Sus ojos recorrieron la habitación, deteniéndose brevemente en las cinco tazas de café. Veo que nos estaban esperando. No sabíamos que vendría, respondió Jake. Alguien entró mientras estábamos fuera. El sherifff asintió lentamente. Sobre eso venimos a hablar. Hemos recibido informes preocupantes.
Aparentemente uno de ustedes ha estado haciendo preguntas indebidas en el pueblo, accediendo a información restringida. Todos miraron instintivamente a Marcus y Jake. No entiendo intervino Sara con su mejor tono de estudiante de derecho. Este es un programa académico oficial. Tenemos autorización para realizar investigaciones comunitarias.
No ese tipo de investigación, señorita de la Croa sherifff, sorprendiéndola al usar su apellido sin presentación previa. Estamos hablando de intentos de acceso a sistemas gubernamentales protegidos, un delito federal muy grave. Marcus palideció visiblemente. “Debe haber un malentendido”, dijo Tyler dando un paso al frente. “Somos estudiantes, no hackers ni espías.” El sherifff sonrió, pero el gesto no llegó a sus ojos.

Por supuesto, solo queremos aclarar la situación. Les pediré que nos acompañen a la estación para unas preguntas de rutina. Todos nosotros ahora son casi las 11 de la noche”, protestó Ema. “Me temo que sí, señorita Rodríguez. No tomará mucho tiempo,” aseguró el sherifff con una calma inquietante. “Y deberían traer sus identificaciones.” Los cinco estudiantes se miraron con incertidumbre.
Algo no encajaba, pero no tenían motivos para negarse. Está bien, decidió Jake finalmente. Iremos con ustedes. Mientras recogían sus documentos y abrigos, Emma se acercó disimuladamente a Marcus. Realmente intentaste hackear sistemas gubernamentales”, susurró Marcus. negó con la cabeza, sus ojos reflejando genuino temor.
“Solo intenté acceder a los registros públicos del condado”, respondió en voz baja. “Pero encontré algo, algo que no debería estar ahí.” “¿Qué encontraste?”, insistió Emma. Antes de que Marcus pudiera responder. El sherifff Dawson apareció entre ellos. “Vamos, jóvenes”, dijo con una sonrisa que no transmitía calidez alguna.
La noche es joven y tenemos mucho de que hablar. Mientras los cinco estudiantes eran escoltados hacia la patrulla, ninguno notó la figura que los observaba desde las sombras del bosque, ni pudieron imaginar que esta noche sería la última vez que alguien los vería juntos en ocho largos años. El edificio de la comisaría de Shadow Creek era una estructura austera de ladrillo rojo ubicada en el extremo norte del pueblo.
A esa hora de la noche, las calles estaban desiertas con solo el ocasional parpadeo de las luces navideñas para romper la oscuridad invernal. Los cinco estudiantes fueron conducidos en silencio a través de la entrada posterior, un detalle que no pasó desapercibido para Jake.
La ausencia del procedimiento estándar le provocaba una creciente sensación de inquietud. Por aquí, indicó el sheriff Dawson, guiándolos por un pasillo mal iluminado, no hacia la zona de recepción o las áreas comunes, sino hacia un corredor que descendía. ¿Dónde están los demás oficiales?, preguntó Sara, cuyo entrenamiento legal le había enseñado a identificar irregularidades en los procedimientos policiales.
Personal reducido en invierno respondió secamente uno de los agentes que los escoltaban. pueblo pequeño, presupuesto pequeño. El sherifff los condujo hasta una amplia sala en el subsuelo, sorprendentemente moderna en comparación con el resto del edificio.
Cinco sillas metálicas estaban dispuestas formando un semicírculo frente a un escritorio. Las paredes, a diferencia de las típicas salas de interrogatorio, estaban cubiertas de paneles acústicos de alta densidad. Tomen asiento, por favor”, indicó el sherifff señalando las sillas con un gesto casual que contrastaba con la tensión del ambiente. Marcus se detuvo en la entrada.

“Esto no es una sala de interrogatorios estándar”, observó su formación tecnológica, permitiéndole reconocer los equipos sofisticados que ocupaban un rincón de la habitación. Somos un pueblo pequeño con recursos limitados, señor Chen,” respondió el sherifff con una sonrisa que no alcanzó sus ojos. Improvisamos con lo que tenemos. Reluctantes, los cinco estudiantes tomaron asiento.
Tyler, cuyo padre era abogado corporativo en Boston, fue el primero en hablar. Según tengo entendido, tenemos derecho a una llamada y a representación legal antes de cualquier interrogatorio”, declaró con la confianza de quien conoce sus derechos. El sherifff Dowson se sentó tranquilamente en el borde del escritorio frente a ellos.
“Por supuesto, señor Brenan, pero esto no es un interrogatorio formal, es una conversación preliminar para aclarar ciertos malentendidos.” Emma notó que los dos agentes que los habían escoltado permanecían junto a la puerta que ahora estaba cerrada. Sus manos descansaban casualmente cerca de sus armas. ¿De qué nos acusan exactamente?, preguntó Sara, su tono profesional enmascarando su creciente ansiedad.
Nadie los está acusando de nada, señorita de la Croa sherifff con tono paciente. Como dije, solo queremos hacer algunas preguntas. sobre las actividades recientes de su grupo. Se volvió hacia Marcus, especialmente sobre ciertos intentos de acceso a servidores locales protegidos. Marcus mantuvo la compostura, aunque su pierna derecha comenzó a temblar ligeramente bajo la mesa.
Solo estaba investigando para nuestro proyecto. Los índices demográficos y registros históricos son información pública y los expedientes sellados de casos no resueltos también son información pública. Señor Chen, contraatacó el sherifff, su voz adquiriendo un filo cortante. Un silencio tenso cayó sobre la sala. Los otros cuatro miraron a Marcus con sorpresa.
“No sé de qué está hablando,” respondió Marcus, pero el ligero temblor en su voz lo traicionó. El sherifff Dawson extrajo una tableta de un cajón del escritorio y la encendió. La pantalla iluminó su rostro con un resplandor azulado. 17 de diciembre, 2342 horas. Intento de acceso a los archivos confidenciales del departamento del sherifff del condado de Summit.

Dirección IP rastreada a su cabaña, específicamente su computadora personal. Señor Chen. El sherifff levantó la mirada. Mantiene que no sabe nada al respecto. ¿Es esto legal? Intervino Jake. Nos están monitoreando. El sherifff ignoró la pregunta. Señor Chen, ¿qué buscaba exactamente en los archivos de personas desaparecidas en Shadow Creek? Los cuatro compañeros de Marcus lo miraron con expresiones que oscilaban entre la confusión y la preocupación. “Marcus, ¿de qué está hablando?”, susurró Emma.
Marcus tragó saliva. Su mirada recorrió los rostros de sus amigos antes de volver al sherifff. Encontré patrones inusuales”, admitió finalmente. “demasiadas desapariciones no resueltas para un pueblo de este tamaño, todas con características similares. “Continúe”, ordenó el sherifff expresión ilegible.
“Estudiantes, visitantes, personas sin conexiones locales fuertes”, explicó Marcus ganando confianza mientras hablaba. Todos desaparecidos entre octubre y marzo, cuando el pueblo está más aislado por la nieve. Todos entre 20 y 30 años, todos en los últimos 15 años. Sara ahogó una exclamación. Tyler se enderezó en su silla mientras Jake y Emma intercambiaron miradas tensas.
Y lo más extraño, continuó Marcus ahora mirando directamente al sherifff, es que todas las investigaciones fueron cerradas rápidamente, demasiado rápidamente, con la misma conclusión. Probablemente se perdieron en las montañas. Búsqueda suspendida debido a condiciones climáticas extremas. El sherifff Dowson permaneció impasible, pero sus nudillos se tornaron blancos mientras apretaba el borde del escritorio.
Eso es absurdo, respondió finalmente. Los accidentes en la montaña son comunes en regiones como esta. Turistas inexpertos se aventuran sin la preparación adecuada, excepto que ninguno de ellos fue a las montañas, replicó Marcus. Todos fueron vistos por última vez en el pueblo como nosotros esta noche. El ambiente en la sala cambió sutilmente.
Los dos agentes junto a la puerta intercambiaron una mirada breve, pero cargada de significado. “Creo que hemos terminado con esta conversación”, declaró el sherifff levantándose abruptamente. “Oficiales, escolten a nuestros visitantes a una sala más adecuada mientras verificamos sus identidades. Estamos detenidos”, exigió saber Sara poniéndose de pie.
“Porque si es así, exijo conocer los cargos específicos y solicito contactar inmediatamente con un abogado.” El sherifff sonrió, un gesto que no transmitía calidez alguna. “No están detenidos, señorita de la Croa están siendo temporalmente retenidos mientras investigamos una posible violación federal de sistemas informáticos protegidos.

Es el procedimiento estándar. Antes de que pudieran protestar más, la puerta se abrió y aparecieron dos figuras adicionales. A diferencia de los uniformes locales, estos hombres vestían trajes oscuros y llevaban credenciales que no pudieron distinguir claramente. Sheriff Dawson saludó el más alto de los recién llegados con un ligero asentimiento. Nos encargaremos desde aquí.
El sherifffó momentáneamente sorprendido. No esperaba su llegada hasta mañana. Los planes cambiaron, respondió el segundo hombre avanzando hacia los estudiantes. Señor Marcus Chen, señorita Sara de la Croa, señor Tyler Brenan, señorita Ema Rodríguez y señor Jake Sullivan vendrán con nosotros para un interrogatorio más detallado.
¿Quiénes son ustedes?, preguntó Jake, una mezcla de confusión y alarma evidente en su voz. Agentes Harmon y Blackwell, departamento de seguridad nacional, respondió el más alto, mostrando brevemente una identificación. Tenemos algunas preguntas sobre sus actividades recientes y un posible compromiso de seguridad. Seguridad nacional. Esto es ridículo, protestó Tyler.
Somos estudiantes de intercambio, por favor, cooperen”, intervino el sherifff, su tono repentinamente conciliador. Es mejor para todos. Los dos agentes locales se adelantaron, colocando esposas a cada uno de los estudiantes antes de que pudieran reaccionar. “Esto es ilegal”, exclamó Sara mientras las frías esposas metálicas se cerraban alrededor de sus muñecas.
Exijo ver sus credenciales completas y hablar con mi padre. Es juez federal todo a su tiempo, señorita de la Croa Harmon con calma estudiada. Por ahora, necesitamos que vengan con nosotros. ¿A dónde nos llevan? Preguntó Emma, la voz temblorosa traicionando el miedo que intentaba ocultar. a un lugar seguro para continuar nuestra conversación”, respondió el agente Blackwell, su voz monótona, inquietantemente desprovista de emoción.
Mientras eran conducidos fuera de la sala, Marcus logró acercarse lo suficiente a Jake para susurrar, “Esto no es seguridad nacional. ¿Cómo lo sabes?”, murmuró Jake en respuesta. “Las identificaciones son falsas. El holograma no reflejó la luz correctamente. El pánico era evidente en los ojos de Marcus y sus zapatos.
Sus zapatos, botas de montaña caras bajo pantalones de traje. Agentes federales en una operación oficial usarían zapatos reglamentarios. Un escalofrío recorrió la espina de Jake mientras eran guiados hacia la salida trasera, donde un furgón negro sin identificaciones los esperaba con el motor en marcha.

“Esto es un error”, gritó Tyler mientras lo empujaban hacia el vehículo. “Somos ciudadanos estadounidenses, tenemos derechos.” Day, “No, esta noche”, respondió el falso agente Harmon cerrando la puerta tras ellos. El interior del furgón estaba dividido en compartimentos individuales separados por mamparas opacas.
Antes de que pudieran intercambiar palabras o planear cualquier resistencia, cada estudiante fue aislado en un espacio reducido y oscuro. Emma golpeó la pared que la separaba de los demás. Tyler, Sara, ¿alguien puede oírme? No hubo respuesta, solo el rumor del motor y el crujido de los neumáticos sobre la nieve, mientras el vehículo se alejaba de la estación, llevándolos hacia lo desconocido.
En su compartimento, Marcus se esforzaba por mantener la calma. Había visto algo en los archivos, algo que nunca debió encontrar, un patrón de desapariciones que ahora parecía que ellos mismos estaban a punto de continuar. Registro 23. había leído en un documento parcialmente encriptado, sujetos adquiridos según protocolo, traslado a instalación Blackwood programado, resultados preliminares prometedores.
Lo que Marcus no había logrado decir a sus amigos antes de ser separados era la fecha de ese documento, 15 de diciembre de 2008, dos días atrás, como si su desaparición ya hubiera sido planificada antes de que ocurriera, el furgón aceleró en la noche, dejando atrás las luces de Shadow Creek, llevándose cinco vidas que el mundo pronto olvidaría.
O al menos eso creían quienes los habían capturado. Denver, Colorado. 15 de abril de 2016. La detective Camila Vázquez contemplaba la pantalla con intensidad, su dedo índice trazando el contorno de un rostro congelado en la imagen granulada de seguridad. 8 años en la unidad de personas desaparecidas le habían enseñado a no aferrarse a esperanzas vanas.
Pero este caso era diferente. Había algo en estos cinco estudiantes que nunca le permitió archivar completamente el expediente a pesar de las presiones de sus superiores. ¿Estás segura que es él? preguntó el detective Michael Reves, su compañero desde hace 3 años, inclinándose sobre su hombro para examinar mejor la imagen.

90% segura respondió Camila, ampliando la imagen del rostro masculino de rasgos asiáticos, que había sido captado por una cámara de seguridad del centro comercial Cherry Creek dos días atrás. Estructura facial consistente, misma asimetría en las orejas. Es Marcus Chen Michael. Después de 8 años. Rifs se frotó la barbilla con escepticismo.
Podría ser cualquier hombre asiático de treint y tantos años. Cam, estás viendo lo que quieres ver. Camila negó con firmeza. Ya pasé la imagen por reconocimiento facial. 87% de coincidencia con su foto universitaria, considerando el envejecimiento natural y cambios físicos. Señaló detalles específicos en la pantalla.
Cabello diferente, gafas nuevas, pero es él. Ha regresado a Denver. La oficina de la unidad de personas desaparecidas del departamento de policía de Denver estaba prácticamente vacía a esa hora de la noche. Solo el ocasional parpadeo de las luces fluorescentes y el zumbido de los antiguos ordenadores rompían el silencio.
“¿Por qué ahora?”, murmuró Ribs, más para sí mismo que para su compañera. “¿Y dónde están los otros cuatro?” El caso de los cinco de Shadow Creek. Como había sido conocido brevemente en los medios antes de ser eclipsado por otras tragedias, era una de esas investigaciones que persistían como una astilla bajo la piel del departamento. Cinco brillantes estudiantes desaparecidos sin dejar rastro durante un programa de intercambio universitario.
Camila extrajo una carpeta desgastada de su escritorio y la abrió revelando cinco fotografías. Marcus Chen sonriendo tímidamente a la cámara con su camiseta del meet Sara de la Crois, elegante y segura de sí misma junto a la biblioteca de Columbia. Tyler Brenan con bata blanca en un laboratorio de Harvard, Emma Rodríguez, captada en medio de una animada discusión en el campus de Yukla y Jake Sullivan de pie junto a restos arqueológicos durante una excursión de campo de la Universidad de Chicago.
La investigación inicial fue un desastre, recordó Camila para cuando las familias reportaron su desaparición y el caso llegó a nosotros. Ya habían pasado casi 4 días. El sherifff local insistió que probablemente se habían aventurado a las montañas, ignorando las advertencias sobre tormentas invernales.


“Pero tú nunca lo creíste”, completó Rifs, conociendo bien la obstinación de su compañera con este caso en particular. Las pertenencias en la cabaña estaban intactas. Mochilas preparadas para la excursión del día siguiente, medicamentos, pasaportes, todo allí. Nadie se va a una excursión improvisada en medio de la noche sin sus identificaciones o medicinas.
Tyler era diabético. Michael dejó su insulina. Camila desplegó otra serie de documentos sobre su escritorio y luego está esto. Marcus Chen realizó cuatro llamadas a su hermana menor la noche anterior a la desaparición. En la última, que duró apenas 47 segundos según ella, Marcus sonaba agitado. Le dijo que había encontrado algo perturbador sobre el pueblo y que tenía miedo. Y nunca especificó que era ese algo.
No tuvo tiempo. La llamada se cortó abruptamente. Ella intentó devolverle la llamada, pero el teléfono ya estaba fuera de servicio. Camila se reclinó en su silla y ahora, 8 años después, aparece en un centro comercial en Denver, mirando constantemente por encima de su hombro como si temiera ser seguido.
Ribes tomó la captura de la cámara de seguridad estudiándola con renovado interés. “¿Has notado esto?”, señaló un detalle en la esquina de la imagen. “Está comprando medicamentos en la farmacia.” Camila amplió esa sección de la imagen y asintió lentamente. Bueno. Necesitamos esa lista de compra. Cam, sin una orden judicial. Lo sé, lo sé.
Camila se levantó poniéndose su chaqueta. Pero conozco a alguien en esa farmacia. No necesito la lista completa. Solo saber si compró algo inusual o si utilizó algún seguro médico que podamos rastrear. Ribs verificó su reloj. Son casi las 10 de la noche. Sandra trabaja en el turno nocturno los jueves. Camila ya estaba tomando sus llaves.
Y antes de que empieces con el discurso sobre procedimientos, recuerda que técnicamente este no es siquiera nuestro caso activo. Estoy investigando en mi tiempo personal, como siempre, suspiró Ribs, pero también se puso su chaqueta. Iré contigo. Dos pares de ojos ven más que uno.
30 minutos después estaban en la farmacia del centro comercial Cherry Creek hablando con Sandra Patel, una farmacéutica de mediana edad que le debía un favor a Camila desde un caso anterior. “No puedo mostrarte los registros completos”, explicó Sandra en voz baja después de que la tienda se vaciara de clientes. Pero puedo decirte que el hombre que buscas compró varios medicamentos con una receta a nombre de David Shang. David Shang. Camila anotó el nombre.

¿Recuerdas qué medicamentos específicamente? Sandra vaciló. Camila, esto podría costarme mi trabajo. Sandra, este hombre podría estar vinculado a la desaparición de cinco personas, insistió la detective. Si está vivo, los otros podrían estarlo también. La farmacéutica suspiró profundamente antes de responder. Antipsicóticos, específicamente risperidona de alta dosis y un ansiolítico potente.
El tipo de medicación que se prescribe para trastorno de estrés postraumático severo, esquizofrenia inducida por trauma o episodios psicóticos. Camila y Rives intercambiaron miradas significativas. ¿Dejó alguna dirección?, preguntó Rifs. Un apartado postal en Aurora, respondió Sandra.
Y pagó en efectivo, aunque utilizó un seguro médico para la receta, un plan básico estatal bajo el nombre de Shang. Mencionó cuándo volvería por más medicación. Las recetas son para un mes,”, explicó Sandra, pero mencionó que se iría de la ciudad pronto, así que le di un suministro completo. Mientras regresaban al coche, Camila sentía la familiar mezcla de anticipación y temor que acompañaba a las pistas prometedoras en casos prolongados.
Necesitamos esa dirección postal”, declaró mientras encendía el motor y averiguar todo lo posible sobre ese seguro médico. Cam, si realmente es Marcus Chen, ¿por qué no ha contactado a su familia? Han pasado 8 años. Sus padres siguen poniendo anuncios en periódicos cada aniversario de su desaparición. La pregunta quedó flotando en el aire mientras conducían de regreso a la comisaría.
Las luces de la ciudad se reflejaban en el parabrisas, creando patrones hipnóticos que parecían contener respuestas escurridizas. Miedo, respondió finalmente Camila. El mismo miedo que mostraba en esa grabación no está simplemente escondido. Michael está huyendo. En un modesto apartamento en los suburbios de Aurora, Marcus Chen, ahora conocido como David Shang, empacaba apresuradamente una pequeña maleta.
Sus movimientos eran mecánicos, practicados, como quien ha tenido que huir múltiples veces antes. El apartamento apenas mostraba señales de ser habitado. Paredes desnudas, muebles básicos, ninguna fotografía o elemento personal visible, una existencia diseñada para ser abandonada en minutos. Marcus se detuvo brevemente ante el espejo del baño, estudiando su propio reflejo como si fuera el de un extraño.
A los 30 años, su rostro mostraba más edad de la que debería. Profundas ojeras enmarcaban unos ojos que habían visto demasiado. Una cicatriz irregular recorría su cuello, desapareciendo bajo el cuello de su camisa. sacó un frasco de píldoras de su bolsillo y tomó dos con agua del grifo.

Las risperidona lo mantenía funcional, suprimiendo las alucinaciones que lo atormentaban desde su escape, los rostros, las voces, los recuerdos fragmentados de sus amigos que seguían apareciendo en sus pesadillas. Cometí un error”, murmuró para sí mismo, regresando a la habitación principal donde una laptop anticuada estaba abierta sobre una mesa plegable.
No debí volver a Denver. En la pantalla brillaba un correo electrónico escrito, pero no enviado. Dr. Reynolds, he confirmado lo que sospechábamos sobre las instalaciones de Blackwood. No eran solo cinco sujetos. En 2008, el programa lleva operando desde 2001. He localizado documentos que sugieren al menos 27 adquisiciones similares en siete estados diferentes.
Los archivos que recuperé de sus servidores confirman implicaciones gubernamentales a nivel federal, aunque desconozco qué agencia específica está involucrada. Los fondos provienen de una corporación fantasma llamada Nexus Biolabs, pero el dinero original es del gobierno. Adjunto las coordenadas exactas de tres instalaciones adicionales.
Por favor, compártalo con los contactos que mencionó. Si no tien noticias mías en 48 horas, asuma que me han encontrado. En ese caso, entregue el penrive que le di a las familias de los otros cuatro. Merecen saber la verdad. Aunque sea parcial, tengo que seguir moviéndome. Creo que me vieron en Cherry Creek ayer. M.
Marcus cerró la laptop sin enviar el correo. Era demasiado arriesgado. Tendría que entregar la información en persona. Abrió un compartimento oculto en la base de su maleta y extrajo un pequeño cuaderno desgastado. Lo ojeó rápidamente hasta encontrar una página específica donde cinco fotografías descoloridas estaban pegadas.
con cinta adhesiva, los rostros sonrientes de sus amigos, recortes de sus credenciales universitarias que había conseguido preservar todos estos años. Sara de la Crois, brillante estudiante de derecho que soñaba con la Corte Suprema, Tyler Brenan, cuya investigación en medicina regenerativa prometía avances revolucionarios. Ema Rodríguez, periodista determinada a exponer verdades incómodas.
Jake Sullivan, antropólogo cuyos estudios sobre patrones culturales lo habían llevado inadvertidamente hacia la conspiración que acabaría con sus vidas. “Lo siento”, susurró pasando sus dedos sobre las fotografías. “Debí escucharlos. Debí ser más rápido.” Un ruido en el pasillo exterior lo sobresaltó con movimientos practicados.

cerró la maleta, guardó el cuaderno en su chaqueta y desconectó la laptop. En segundos había apagado las luces y se había posicionado junto a la ventana, observando cuidadosamente a través de una rendija en las persianas. Un coche negro sin identificación se había detenido frente al edificio. Dos hombres con trajes oscuros emergieron.
Sus movimientos coordinados con precisión militar. Me encontraron”, murmuró retrocediendo lentamente. No podía usar la puerta principal. Rápidamente se dirigió hacia la ventana de la cocina que daba al callejón trasero. La había preparado específicamente para este escenario, con los seguros modificados para una apertura silenciosa mientras se deslizaba al exterior y descendía por la escalera de incendios.
no podía evitar preguntarse cuánto tiempo más podría seguir huyendo. 8 años escapando de un enemigo con recursos prácticamente ilimitados, lo habían desgastado hasta el núcleo de su ser. Pero Marcus Chen no podía permitirse ser capturado, no cuando finalmente había conseguido las pruebas que necesitaba, no cuando era el único que podía revelar la verdad sobre lo que realmente había ocurrido en Shadow Creek.
Y quizás el único que podía ayudar a encontrar a los otros cuatro, si es que alguno seguía con vida. Al alcanzar el callejón, echó una última mirada al apartamento, que había sido su refugio durante las últimas semanas. Las luces del pasillo se encendían indicando que los hombres ya habían entrado al edificio. Sin mirar atrás, se perdió en la noche otro fantasma urbano en una ciudad llena de sombras y secretos.
Lo que Marcus no sabía era que a pocas manzanas de distancia, Camila Vázquez acababa de recibir una llamada que cambiaría el curso de la investigación para siempre. Una testigo había reconocido la fotografía de Emma Rodríguez, publicada años atrás en los periódicos. aseguraba haberla visto trabajando como camarera en un restaurante en las afueras de Bulder bajo un nombre diferente.
Los desaparecidos estaban empezando a reaparecer y con ellos secretos enterrados durante 8 años comenzaban a emerger a la superficie. Buler Colorado. 17 de abril de 2016. El café montaña era un establecimiento modesto en las afueras de Boulder, frecuentado principalmente por excursionistas y estudiantes de la universidad local.
La detective Camila Vázquez observaba desde su coche estacionado al otro lado de la calle la taza de café entre sus manos ya fría tras dos horas de vigilancia. “Allí está”, murmuró Rifs enderezándose en el asiento del copiloto. Mesera de la esquina. Cabello más corto y teñido. Pero es ella.
Camila enfocó su mirada en la mujer que limpiaba una mesa junto a la ventana. A pesar del pelo ahora rubio y cortado a la altura de los hombros, reconoció los movimientos característicos y la postura de Emma Rodríguez. Ocho años habían dejado su huella, líneas de tensión alrededor de los ojos, una delgadez que sugería algo más que simple pérdida de peso y sobre todo una vigilancia constante en su mirada que escaneaba periódicamente el entorno. “Su placa dice Valeria”, observó Camila.

Valeria Méndez, según nuestra informante. Entramos ahora, ¿no?, decidió Camila después de un momento. Esperaremos a que termine su turno. No sabemos cómo reaccionará si la abordamos directamente. Si ha estado escondiéndose todos estos años por una razón, podría huir. La espera se prolongó 3 horas más.
Finalmente, al atardecer, Emma, ahora Valeria, emergió por la puerta trasera del café, enfundada en una chaqueta gastada demasiado grande para su figura. Caminaba con la cabeza ligeramente agachada, los hombros tensos, el paso acelerado de quien ha aprendido a moverse sin llamar la atención.
Los detectives la siguieron a distancia prudente, observando cómo tomaba un autobús local hacia un barrio residencial de clase trabajadora. 20 minutos después descendía frente a un complejo de apartamentos de ladrillo rojo, antiguo pero bien mantenido. Apartamento 3B, notó Rives mientras la veían ingresar al edificio. ¿Cuál es el plan? Camila consideró sus opciones. Vamos a hablar con ella, pero con cautela.
Si Marcus estaba medicado para ansiedad severa y TPT, ella podría estar en condiciones similares. Esperaron 10 minutos antes de acercarse al edificio. El sistema de intercomunicador estaba averiado, permitiéndoles entrar sin anunciarse. El pasillo olía a comida recién preparada y detergente barato.
Frente al apartamento 3B, Camila respiró profundamente antes de tocar. No hubo respuesta inmediata, pero ambos detectives percibieron movimiento al otro lado de la puerta. Camila tocó nuevamente. Señorita Méndez, soy la detective Vázquez del Departamento de Policía de Denver. Solo queremos hablar.
Silencio seguido por el sonido de algo pesado siendo arrastrado, probablemente bloqueando la puerta. Emma, dijo entonces Camila bajando la voz. Emma Rodríguez, sabemos quién eres. No estamos aquí para hacerte daño. Vimos a Marcus hace dos días en Denver. La mención de Marcus provocó una reacción inmediata. Pasos rápidos se acercaron a la puerta. ¿Qué has dicho? La voz del otro lado era apenas audible, ronca, como si rara vez la usara.
Marcus Chen fue captado por cámaras de seguridad en un centro comercial en Denver”, explicó Camila. “Estamos tratando de encontrarlo. Creemos que podría estar en peligro.” Un largo silencio siguió. Finalmente, el sonido de múltiples cerrojos, siendo manipulados precedió a la apertura parcial de la puerta, asegurada por una cadena.

Un ojo oscuro y cauteloso los examinó. Muéstrenme sus identificaciones”, exigió la voz, “despacio y mantengan las manos visibles.” Ambos detectives cumplieron sosteniendo sus placas frente a la rendija. Después de un minucioso escrutinio, la puerta se cerró brevemente para retirar la cadena y luego se abrió lo suficiente para permitirles entrar.
El apartamento era espartano, pero meticulosamente ordenado. Las ventanas estaban cubiertas con gruesas cortinas y notaron los detectives, reforzadas con tablas de madera cuidadosamente disimuladas tras la decoración. Una mesa plegable servía como escritorio cubierta de recortes de periódicos organizados en carpetas.
Lo más sorprendente era un mapa decolorado en la pared marcado con alfileres de colores conectados por hilos rojos. Ema o Valeria había cambiado drásticamente de la joven vivaz de la fotografía universitaria. Su cuerpo delgado parecía constantemente tenso como un resorte comprimido. Una cicatriz apenas visible recorría su clavícula derecha, desapareciendo bajo su camiseta.
Al igual que Marcus, aparentaba muchos más años de los que realmente tenía. No son ellos fueron sus primeras palabras estudiándolos con intensidad. Pero eso no significa que pueda confiar en ustedes. Ellos? preguntó Ribs manteniendo una distancia prudente. Emma ignoró la pregunta señalándoles un sofá desgastado mientras ella permanecía de pie, posicionada estratégicamente cerca de lo que parecía ser una salida de emergencia improvisada hacia la escalera de incendios.
Tienen 2 minutos para explicar cómo encontraron a Marcus y por qué me están buscando. Camila asintió, reconociendo el tono de alguien acostumbrado a calcular rutas de escape. Marcus fue captado por cámaras de seguridad en Cherry Creek hace 3 días. Compraba medicamentos psiquiátricos bajo el nombre de David Sang.
Lo identificamos mediante reconocimiento facial y seguimos su rastro hasta un apartamento en Aurora. Pero había desaparecido cuando llegamos. Un destello de preocupación cruzó el rostro de Emma. ¿Están seguros que era él? Coincidencia del 87% con su foto universitaria”, confirmó Camila. Y encontramos esto en su apartamento. Extrajo una fotografía de su bolsillo.
Era una imagen de los cinco estudiantes tomada durante sus primeras semanas en Shadow Creek. Emma extendió una mano temblorosa para tomarla. La había enmarcado y escondido bajo el colchón”, explicó Revaderno lleno de notas cifradas. Emma pasó sus dedos sobre la fotografía, deteniéndose en cada rostro. “Jake”, murmuró tocando la imagen del joven de cabello oscuro que sonreía ampliamente en el extremo derecho.

 

Por un momento, su máscara de dureza se agrietó. revelando un dolor profundamente arraigado. “Ema”, comenzó Camila suavemente. “Han pasado 8 años. Tus padres siguen buscándote. Nunca abandonaron la esperanza.” La joven levantó la mirada súbitamente alerta. “¿Les dijeron que me encontraron? Aún no. Queríamos hablar contigo primero.” Emma dejó escapar un suspiro que parecía contener años de tensión acumulada. No pueden decirles, ni a ellos ni a nadie.
Los pondrían en peligro. Moh, ¿quién es?, presionó Camila. ¿De quién te escondes, Emma? No puedo. Emma se detuvo. El conflicto interno evidente en su rostro. Tras un momento de vacilación, se acercó al mapa en la pared. ¿Ven estos puntos? Son instalaciones. Blackwood es solo una de ellas, la que conocimos nosotros.
Los detectives se aproximaron al mapa notando que los alfileres marcaban ubicaciones remotas. principalmente en zonas montañosas de Colorado, Wyoming y Uta. ¿Qué tipo de instalaciones?, preguntó Rives estudiando el complejo patrón de conexiones. Experimentales respondió Emma, su voz repentinamente distante, como si su mente hubiera regresado a un lugar oscuro.
Nos separaron después de la captura. Yo estuve en Blackwood 3 años antes de lograr escapar durante un traslado. Sara fue enviada a Eagle Point. Tyler a Riverstone. Jake, su voz se quebró. De Jake perdí el rastro después del primer año. Y Marcus, Marcus era especial para ellos por sus conocimientos informáticos.
Lo mantuvieron en Blackwood más tiempo utilizándolo para gestionar sus sistemas de seguridad. Fue quien descubrió la conexión entre todas estas instalaciones y finalmente saboteó su red para escapar. La Camila se esforzaba por procesar esta información. ¿Qué tipo de experimentos, Ema? La joven los miró evaluando cuánto debía revelar. finalmente levantó el borde de su camiseta, revelando una serie de pequeñas cicatrices quirúrgicas a lo largo de su abdomen, demasiado precisas y simétricas para ser accidentales, investigación neurológica avanzada, principalmente, modificación conductual,
pruebas de resistencia psicológica y física. Bajó nuevamente su camiseta. Al principio intentaron convencernos de que éramos parte de un programa gubernamental secreto para el que habíamos sido seleccionados por nuestras capacidades excepcionales. Cuando eso falló, pasaron a métodos más persuasivos.

¿Quiénes son ellos? insistió Reves. Se hacen llamar Nexus Biolabs oficialmente, pero es solo una fachada. Es un programa negro financiado con fondos desviados de diversas agencias gubernamentales. Sus investigadores son principalmente científicos extranjeros traídos bajo identidades falsas, personas sin escrúpulos cuya investigación fue considerada demasiado extrema, incluso en sus países de origen.
Ema se acercó a un cajón y extrajo una carpeta desgastada. Marcus logró descargar parte de sus archivos durante su escape. Me envió copias antes de que perdiéramos contacto hace 3 años. Extrajo varios documentos, algunos con prominentes marcas de clasificado. Esto es solo la punta del iceberg. El programa lleva operando desde 2001.
Nosotros cinco fuimos parte del grupo 23. Hubo al menos 26 grupos anteriores. Camila examinó los documentos con creciente horror. Informes clínicos detallando procedimientos invasivos, resultados de pruebas neurológicas, evaluaciones psicológicas que documentaban metódicamente el deterioro mental de los sujetos bajo condiciones de estrés extremo.
¿Por qué no acudiste a las autoridades? preguntó, aunque la respuesta era evidente en los propios documentos. Emma emitió una risa amarga. ¿A quién? Mira los nombres en la última página. Hay senadores, oficiales militares de alto rango, directores de agencias que supuestamente deberían protegernos”, señaló un nombre en particular. Este hombre era subsecretario de defensa cuando fuimos capturados.
Ahora es el jefe de seguridad nacional de la región oeste. Un silencio pesado cayó sobre la habitación mientras los detectives asimilaban la magnitud de lo que estaban descubriendo. “He pasado 5 años documentando sus operaciones”, continuó Emma, rastreando a otros sobrevivientes reconstruyendo la red. Marcus hacía lo mismo desde su lado.
Ocasionalmente intercambiábamos información a través de mensajes codificados en tableros de anuncios específicos de internet. Nuestro objetivo era reunir pruebas suficientes para exponerlos sin que pudieran encubrirlo. “¿Has tenido contacto con los otros?”, preguntó Camila. Sara escapó un año después que yo, la última vez que supe de ella estaba en Wyoming siguiendo el rastro de otra instalación. Tyler, su voz se quebró nuevamente. Tyler no lo logró.

Murió durante un procedimiento experimental en 2012. Marcus obtuvo su certificado de defunción falsificado. Causa oficial complicaciones diabéticas. Eem se acercó nuevamente al mapa señalando una ubicación específica en las montañas. Esta es Blackwood. Marcus y yo habíamos planeado reunirnos la próxima semana para compartir nuestros hallazgos con un periodista de confianza. Si lo han encontrado en Denver, dejó la frase inconclusa, pero la implicación era clara.
Em, dijo Camila tomando una decisión. Necesito que vengas con nosotros a Denver. Podemos protegerte mientras investigamos esto. No pueden protegerme, respondió Ema con certeza absoluta. No tienen idea de su alcance. Tienen gente en cada departamento de policía importante, cada oficina federal regional.
Entonces, déjanos ayudarte a encontrar a Marcus, insistió Camila. Si realmente tiene pruebas contundentes, como dices, necesitamos asegurarnos de que lleguen a las personas correctas. Ema los estudió largamente, evaluando su sinceridad. “Hay una manera de contactarlo”, dijo finalmente, “Un protocolo de emergencia que establecimos, pero necesitaré acceso a una computadora que no pueda ser rastreada hasta mí.
Podemos arreglarlo,” aseguró Rivs. “Y necesito su palabra de que mantendrán a mis padres fuera de esto por ahora”, añadió Emma. Han sufrido suficiente pensando que estoy muerta. Si descubren que estoy viva solo para perderme nuevamente cuando ellos me encuentren. Tienes mi palabra, prometió Camila. Ema asintió lentamente. Denme 10 minutos para empacar lo esencial.
Mientras Emma desaparecía en la habitación contigua, Rips se acercó a Camila. Realmente crees todo esto suena a película de conspiración. Vi los documentos, Michael”, respondió Camila en voz baja. “las cicatrices, el miedo en sus ojos no es paranoia, es el trauma de alguien que ha vivido un infierno muy real.
” Miró nuevamente el mapa con sus inquietantes conexiones. “¿Y si tienen razón, estamos rozando algo mucho más grande y peligroso de lo que imaginábamos. Lo que ninguno de ellos notó fue la figura que observaba el edificio desde un coche estacionado al otro lado de la calle. Un hombre de traje oscuro que hablaba discretamente por teléfono. Confirmado.
La mujer está con dos personas que coinciden con la descripción de detectives de Denver. Parecen estar preparándose para salir. Procedo con la intercepción. Una voz metálica respondió a través del auricular. Negativo. Sígalos. Queremos saber si nos llevan a Chen. Equipo de respuesta en camino. Tiempo estimado de llegada, 22 minutos.
El hombre colgó encendiendo el motor silenciosamente mientras esperaba que sus objetivos emergieran del edificio, ignorantes de que cada paso que daban estaba siendo vigilado por los mismos fantasmas de los que Emma había estado huyendo durante cinco largos años. En su apartamento, Emma guardaba apresuradamente documentos en una mochila gastada, incluida una pequeña caja metálica que contenía un penrive encriptado.

Antes de cerrar la mochila, extrajo una fotografía arrugada de su billetera. Ella y Jake Sullivan, abrazados frente a un lago de montaña durante sus primeros días en Shadow Creek, antes de que todo se desmoronara. Te encontraré”, murmuró guardando nuevamente la fotografía. “Lo prometí”. Cuando finalmente emergió para reunirse con los detectives, su expresión había cambiado sutilmente.
La desesperanza había dado paso a algo que no había permitido que floreciera en años. Una chispa tentativa de esperanza. Carretera interestatal 25 en dirección a Denver. 17 de abril de 2016, 10:43 pm. La oscuridad envolvía la carretera mientras el seda no oficial de la detective Vázquez avanzaba hacia Denver. La lluvia había comenzado a caer, transformando los faros de los coches en borrosas estelas amarillas contra el asfalto mojado.
En el asiento trasero, Ema permanecía en silencio, su mirada alternando constantemente entre la ventanilla y el espejo lateral, buscando señales de persecución. Sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre la mochila que mantenía firmemente contra su pecho. “¿Cuánto tiempo llevas en Bulder?”, preguntó Camila, intentando establecer cierta conexión con la joven.
“4 meses, respondió Emma tras una breve vacilación. Es el lugar donde he permanecido más tiempo desde que escapé. fue imprudente. Necesitabas esta habilidad, comentó Ribes desde el asiento del copiloto. Es natural después de tanto tiempo huyendo. Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Emma. La estabilidad es un lujo que no puedo permitirme.
Cada rutina es una vulnerabilidad. Cada rostro que recuerda el tuyo, un riesgo. El silencio volvió a instalarse en el vehículo, interrumpido solo por el monótono sonido de los limpiaparabrisas. Marcus me advirtió que no me estableciera, continuó Emma inesperadamente. Dijo que ellos nunca dejarían de buscar, que sabían demasiado sobre sus métodos, sus instalaciones, sus contactos. Bajó la voz. Jake hubiera estado de acuerdo con él.
Siempre fue el más cauteloso de nosotros, Jake Sullivan, recordó Camila, el estudiante de antropología. Tenías una relación especial con él. Emma guardó silencio por un momento. Nos enamoramos durante el programa de intercambio. Fue intenso, como solo puede serlo a los 20 años cuando crees que tienes toda la vida por delante. Su voz adquirió un tono distante.
En Blackwood nos mantuvieron separados. Solo nos veíamos durante ciertos experimentos diseñados para estudiar vínculos emocionales bajo estrés extremo. Ribs y Camila intercambiaron una mirada preocupada. La última vez que lo vi fue durante un traslado en 2011, continuó Ema. Estaba cambiado, quebrado de alguna manera.
Los procedimientos a los que lo sometieron eran diferentes a los míos, más agresivos. experimentaban con una técnica de modificación conductual que involucraba algún tipo de neuroimplantes. Se detuvo abruptamente, como si hubiera dicho demasiado. Respiró profundamente antes de continuar. me prometió que encontraría la manera de escapar, que nos reuniríamos en nuestro lugar especial, un punto que habíamos identificado durante nuestras excursiones en Shadow Creek.

Cada aniversario de nuestra captura visito ese lugar. Han pasado 5 años y nunca ha aparecido. ¿Crees que sigue con vida? Preguntó Camila suavemente. Tengo que creerlo respondió Emma con firmeza. Marcus nunca encontró registros que confirmaran su muerte, a diferencia de Tyler.
En su última comunicación, Marcus mencionó haber descubierto referencias a un activo valioso que había sido transferido a una instalación clasificada como proyecto Lázarus. Proyecto Lázarus, como la resurrección bíblica comentó Rifs. Exactamente. Marcus cree que se refieren a Jake. Su formación en antropología y lingüística lo hacía especialmente valioso para ciertos aspectos de su investigación.
La conversación se interrumpió cuando el teléfono de Camila comenzó a sonar. Miró la pantalla con el seño fruncido antes de contestar. Vázquez, respondió secamente. Su expresión cambió gradualmente mientras escuchaba, tensándose visiblemente. Entiendo. Gracias por el aviso. Colgó y miró a Ribs significativamente. ¿Qué sucede?, preguntó él.
Era Thompson de análisis de vigilancia. Dice que nuestras consultas sobre Marcus Chen activaron algún tipo de alerta. Recibieron una llamada de la Oficina de Coordinación Federal. preguntando por qué estábamos investigando ese caso en particular. No existe ninguna oficina de coordinación federal, señaló Reeves. Precisamente, confirmó Camila. Thompson lo verificó.
Quien sea que haya llamado estaba usando credenciales falsas para monitorear búsquedas relacionadas con los desaparecidos de Shadow Creek. Ema se inclinó hacia delante súbitamente alerta. Están rastreando todas las búsquedas oficiales sobre nosotros. Así es como encontraron a Marcus en Denver.
Probablemente usó su identidad real para algo o alguien lo reconoció y reportó el avistamiento. Thompson también mencionó algo más. Continuó Camila ajustando el retrovisor para tener mejor visión de los vehículos detrás de ellos. Han notado un coche oscuro siguiéndonos desde Boulder, Ford Crown, Victoria Negro, sin placas visibles.
“Ya no es coincidencia”, murmuró Emma girándose para mirar por la ventana trasera. “¿Ves ese sube tres coches atrás? Ha estado manteniendo exactamente la misma distancia desde que salimos de mi apartamento.” Rives observó discretamente. “Podría ser casualidad. No existen las casualidades cuando has estado huyendo tanto tiempo como yo,”, respondió Emma con amarga certeza. “Tenemos que cambiar de ruta ahora.
” Camila asintió tomando rápidamente la siguiente salida de la interestatal. En lugar de dirigirse hacia el centro de Denver, como había sido el plan original, comenzó a navegar por calles secundarias, realizando giros aparentemente aleatorios, mientras verificaba constantemente el espejo retrovisor.
“El Crown Victoria nos sigue”, confirmó Rifs después de varios minutos. El se hubí también. Necesitamos llegar a un lugar seguro donde pueda contactar a Marcus, urgió Emma, cuya respiración se había acelerado notablemente. Si nos atrapan. No necesitó terminar la frase. Los tres sabían lo que estaba en juego. Conozco un sitio decidió Camila girando bruscamente en una calle lateral.
Una casa franca que usamos para testigos protegidos. Solo cuatro personas en el departamento conocen su ubicación. Condujo hábilmente a través de un laberinto de calles residenciales, empleando técnicas antiseguimiento que había perfeccionado durante años de trabajo encubierto. Finalmente, después de casi 40 minutos de maniobras evasivas, se detuvieron frente a un modesto almacén reconvertido en los límites industriales de la ciudad.
Parece que los hemos perdido, al menos temporalmente”, anunció Ribs después de verificar cuidadosamente los alrededores. “Pero no durará mucho. Si son quienes Semma cree que son, movilizarán recursos adicionales. El interior del almacén había sido modificado para funcionar como un apartamento rudimentario. Gruas cortinas bloqueaban las ventanas y varias medidas de seguridad, algunas visibles, otras discretamente ocultas, protegían el espacio.

“No es el Ritz, pero servirá”, comentó Camila activando el sistema de seguridad una vez que estuvieron dentro. Hay una computadora en la habitación del fondo configurada para operar a través de múltiples servidores proxy. Ema asintió dirigiéndose inmediatamente hacia la habitación indicada. Necesitaré aproximadamente 20 minutos para establecer el contacto con Marcus, asumiendo que esté siguiendo nuestro protocolo de emergencia.
Mientras Emma trabajaba, Camila y Revives discutían en voz baja sus opciones. Si lo que ella dice es cierto, Michael, estamos enfrentándonos a algo mucho más grande que una simple desaparición”, murmuró Camila, verificando su arma de servicio. Experimentos gubernamentales no autorizados, secuestros organizados, encubrimiento a nivel federal. Suena a conspiración paranoica, admitió Rifs.
Pero has visto las cicatrices, los documentos, y alguien definitivamente nos estaba siguiendo. Pasó una mano por su cabello, visiblemente preocupado. La pregunta es, ¿a quién podemos acudir si hay infiltrados en el departamento? A nadie por ahora, decidió Camila. No hasta que tengamos suficiente evidencia para hacer que esto sea demasiado grande para encubrirlo. Necesitamos lo que Marcus ha recopilado.
Emma emergió de la habitación 15 minutos después, su rostro mostrando un cauto optimismo. Establecí contacto a través de nuestro canal de emergencia. Marcus respondió con el código de autenticación correcto. ¿Está vivo, ¿dónde está?, preguntó Camila. No quiso especificarlo en el mensaje, pero acordamos un punto de encuentro.
Emma extendió un mapa de la ciudad y señaló una ubicación en los límites orientales. Este viejo complejo industrial abandonado mañana a las 3 a. Podría ser una trampa, advirtió Rives. Sí interceptaron sus comunicaciones. El mensaje incluía frases clave que solo Marcus conocería. referencias a conversaciones privadas que tuvimos en Blackwood, explicó Ema.
Es él, estoy segura. Aún así, necesitamos ser extremadamente cautelosos, insistió Camila. Iré contigo. Rives puede proporcionar cobertura a distancia. Emma dudó, pero finalmente asintió. Marcus tiene información crítica. Dijo que finalmente encontró pruebas irrefutables de la conexión gubernamental con el programa.

nombres, fechas, transferencias financieras, ubicaciones exactas de todas las instalaciones. ¿Mencionó algo sobre Sarah o Jake?, preguntó Camila. Una sombra cruzó el rostro de Ema. Solo dijo que tiene información importante sobre Jake que debe compartir en persona. Su voz tembló ligeramente. No sé si es buena o mala noticia.
El sonido de un helicóptero sobrevolando a baja altura interrumpió la conversación. Los tres se tensaron instintivamente apagando las luces. “Podría ser coincidencia”, murmuró Reves, acercándose cautelosamente a una ventana para observar a través de una rendija en las cortinas. O podrían estar usando termográficos para rastrear nuestro calor corporal”, respondió Emma. Su voz teñida por años de paranoia justificada.
Camila se unió a Rifs en la ventana observando el helicóptero que ahora trazaba un patrón de búsqueda sobre el área industrial. “No es un helicóptero policial”, confirmó reconociendo el modelo sin marcas oficiales. “Y está volando demasiado bajo para hacer tráfico aéreo regular. Tenemos que movernos”, urgió Emma recogiendo rápidamente su mochila. Este lugar ya no es seguro.
El almacén tiene un acceso al sistema de mantenimiento subterráneo”, explicó Camila dirigiéndose hacia el fondo del espacio. Lo instalamos como ruta de escape de emergencia. Rápidamente los tres se dirigieron hacia una trampilla oculta bajo una alfombra. Camila introdujo una clave en un panel discreto y la escotilla se desbloqueó con un chasquido metálico.
¿A dónde conduce?, preguntó Emma mientras descendían por una escalera de metal hacia un túnel débilmente iluminado. Antiguos conductos de servicio que conectan con la red de alcantarillado pluvial, explicó Ribes. Podemos seguirlos aproximadamente 1 km hasta emerger cerca de una estación de metro abandonada.
El ruido del helicóptero se hizo más intenso, ahora directamente sobre el almacén. No tenían tiempo que perder. Si nos separamos por cualquier razón”, dijo Emma mientras avanzaban por el estrecho pasadizo, “Recuerden el punto de encuentro y si no aparezco, aparecerás”, la interrumpió Camila con firmeza. “No he pasado 8 años buscándote para perderte ahora.” Emma la miró con sorpresa.
“¿8o años? ¿Has estado investigando nuestro caso todo este tiempo?” Camila asintió mientras iluminaba el camino con una linterna. Fue uno de mis primeros casos como detective. Nunca pude aceptar la explicación oficial de que cinco estudiantes brillantes simplemente se perdieron en las montañas sin dejar rastro.
Ladim, mi supervisor, intentó reasignarla tres veces”, añadió Rifs con una media sonrisa. Dijo que estaba obsesionada. “Mis padres tuvieron suerte de que alguien como tú no se rindiera”, murmuró Emma. una emoción genuina filtrándose en su voz habitualmente cautelosa.
Continuaron avanzando por el laberinto subterráneo, conscientes de que cada minuto que pasaba era crucial. Si los hombres que lo seguían pertenecían realmente a la organización que Emma y Marcus habían estado investigando, no descansarían hasta encontrarlos. Lo que ninguno de ellos sabía era que en ese preciso momento Marcus Chen se encontraba en una situación desesperada.
Acorralado en un motel de carretera a las afueras de Denver, intentaba desesperadamente proteger la información que había recopilado durante 8 años de investigación clandestina. Su computadora portátil transmitía datos encriptados a un servidor seguro mientras él preparaba su última línea de defensa. El penrive, con las pruebas más cruciales, estaba escondido en un lugar que solo Emma conocería si llegaba a su punto de encuentro.


Y en una instalación remota conocida como Proyecto Lázarus, profundamente enterrada en las montañas de Colorado, un hombre observaba intensamente una pantalla de computadora. Sus ojos, una vez brillantes y curiosos, ahora estaban apagados, casi mecánicos. La cicatriz, que recorría su cien derecha pulsaba ligeramente bajo las luces fluorescentes. En la pantalla aparecía la fotografía de Emma Rodríguez.
recientemente tomada en buller, debajo en letras rojas parpadeantes, una simple orden: localizar y capturar. Jake Sullivan o lo que quedaba de él después de 5 años de programación neural y cirugías experimentales, se preparaba para su misión, encontrar a los últimos testigos que podrían exponer el programa que lo había transformado en algo que ya no era completamente humano.
Motel Riverside, Afueras de Denver, 18 de abril de 2016, 117 a. La habitación 23 del decrépito motel Riverside estaba sumida en penumbra, iluminada únicamente por el resplandor azulado de una pantalla de computadora. Marcus Chen trabajaba frenéticamente, sus dedos volando sobre el teclado mientras gotas de sudor recorrían su frente.
La pantalla reflejaba complejas líneas de código en sus lentes que ocultaban unos ojos inyectados en sangre por la falta de sueño. Vamos, vamos. murmuró mientras la barra de progreso avanzaba con desesperante lentitud. Solo 5 minutos más. A su alrededor, la habitación mostraba signos de una partida apresurada inminente, una pequeña maleta abierta, documentos organizados meticulosamente, un mapa marcado con rutas de escape alternativas.
En la mesita de noche, un frasco de píldoras vacío ycía junto a una taza de café frío. El sonido de un motor, aproximándose lo alertó. Con movimientos practicados durante años de huida constante, Marcus se deslizó hasta la ventana y observó cautelosamente a través de una rendija en las cortinas.
Un sedán oscuro avanzaba lentamente por el estacionamiento, sus faros apagados. No, no, no, susurró regresando rápidamente a la computadora. Demasiado pronto, la transferencia de datos mostraba un 87% completado. No era suficiente, no tendría tiempo. Con dedos temblorosos, extrajo un pequeño penrive de su bolsillo. A diferencia de los dispositivos electrónicos comunes, este había sido modificado extensivamente con una carcasa reforzada y protección contra interferencias electromagnéticas.
lo conectó a la computadora e inició un proceso de copia separado, seleccionando solo los archivos más cruciales. Un sonido metálico en la puerta lo sobresaltó. Alguien intentaba forzar la cerradura. Marcus desconectó el penrive guardándolo en un compartimento oculto en la suela de su zapato.
Luego, con calma sorprendente para alguien en su situación, inició una secuencia de comandos en la computadora. La pantalla comenzó a mostrar un proceso de eliminación completa, borrando irrecuperablemente todos los datos mientras pequeñas columnas de humo emergían de los ventiladores. La puerta se abrió violentamente. Dos hombres con trajes oscuros y expresiones impasibles entraron.
Armas tácticas apuntando directamente a Marcus. Marcus Chen declaró el más alto con voz monótona. No se resista, vendrá con nosotros. Marcus levantó las manos lentamente. Supongo que esta vez no se molestarán en fingir que son agentes federales comentó con una calma que sorprendió incluso a él mismo. Años de miedo constante lo habían preparado para este momento.

El segundo hombre avanzó hacia la computadora humeante, ahora completamente inerte. El dispositivo está destruido, informó con frustración apenas contenida. Activó el protocolo de autodestrucción. “No importa”, respondió el primer hombre sin apartar la mirada de Marcus. “El director está más interesado en recuperar al sujeto que en los datos.
La información puede extraerse por otros medios.” Un escalofrío recorrió la espina de Marcus al reconocer la implicación. Conocía demasiado bien los otros medios a los que se refería, habiendo experimentado algunos de ellos durante sus tres años en Blackwood. ¿Dónde está la mujer?, exigió el hombre acercándose un paso.
¿Qué mujer? Respondió Marcus, manteniendo su expresión neutral. Un golpe contundente impactó su rostro enviándolo contra la pared. El sabor metálico de la sangre inundó su boca. Emma Rodríguez, sabemos que estableciste contacto con ella. ¿Dónde se reunirán? Marcus sonrió a pesar del dolor. Han estado siguiendo el rastro equivocado.
No he hablado con Emma en tr años. El hombre estudió su rostro buscando signos de engaño. Finalmente activó un comunicador en su muñeca, sujeto asegurado, sin evidencia recuperable, procediendo a extracción. Mientras lo esposaban, Marcus observó por última vez la habitación, sus ojos deteniéndose brevemente en el viejo televisor sobre la cómoda.
Debajo del aparato invisible para sus captores, había dejado un pequeño cuaderno con información crucial, un mensaje que esperaba que Emma pudiera encontrar si llegaba al punto de encuentro acordado. “¿El activo está en posición?”, preguntó el hombre a través del comunicador. La respuesta llegó distorsionada, pero audible. Afirmativo.
El activo Lázarus está rastreando el segundo objetivo. Intercepción estimada en menos de 2 horas. Marcus sintió que su sangre se helaba. Lázarus, el proyecto del que había encontrado solo fragmentos de información. Y ahora estaba operativo persiguiendo a Emma.
Deberías haberme matado cuando tuviste la oportunidad, dijo súbitamente, mientras era arrastrado hacia la puerta. Porque cuando esto salga a la luz todos ustedes caerán. El hombre lo miró con una sonrisa fría. El director dijo que dirías algo así. También dijo que después del reconocimiento suplicarás que te matemos. Ully hizo una pausa calculada, como lo hizo Tyler Brenan antes de su último procedimiento.
La mención de Tyler provocó un destello de furia en Marcus, que intentó liberarse desesperadamente solo para recibir un golpe contundente en la nuca que lo sumió en la oscuridad. Túneles subterráneos. Denver, simultáneamente Emma, Camila y Ribes, avanzaban cautelosamente por el laberinto de túneles subterráneos.
El aire era húmedo y pesado, con el distante eco de agua goteando y el ocasional crujido de infraestructura antigua. “Estamos cerca de la salida”, susurró Camila consultando un pequeño mapa que iluminaba con su linterna. Aproximadamente 200 m adelante hay una escalera que conduce a una estación de mantenimiento abandonada. Emma avanzaba con expresión concentrada. cada sentido alerta ante cualquier señal de peligro.

Durante sus años de cautiverio y posterior fuga, había desarrollado una sensibilidad casi sobrenatural para detectar amenazas. “Algo no está bien”, murmuró deteniéndose abruptamente. “¿Lo sienten?” Rifs y Camila se detuvieron intentando percibir lo que había alertado a Emma. “El aire”, explicó ella.
“Hay una corriente que no debería estar ahí. Alguien ha abierto otra entrada. No necesitaron mayor explicación. Los tres aceleraron el paso, moviéndose lo más silenciosamente posible mientras se acercaban a la salida. La paranoia de Emma podría parecer excesiva para alguien que no hubiera vivido lo que ella, pero Camila y Rives habían visto suficiente para no cuestionar sus instintos.
Al llegar a la escalera que conducía a la superficie, Camila ascendió primero arma en mano para verificar que fuera seguro. Después de un tenso momento, hizo una señal para que los otros subieran. Emergieron en un pequeño recinto que alguna vez había servido como área de mantenimiento para el sistema de metro.
Décadas de abandono habían dejado el lugar cubierto de grafitis y escombros, pero les ofrecía un refugio temporal para reorganizarse. “Necesitamos un vehículo”, dijo Ribes, asomándose cautelosamente por una ventana rota que daba a una calle trasera desierta. “Y necesito acceder a internet antes de nuestro encuentro con Marcus”, añadió Emma. “Tengo que verificar si dejó algún mensaje adicional en nuestros canales seguros”. Camila verificó su reloj.
Son casi las 2 a. Tenemos poco más de una hora antes del punto de encuentro acordado. Hay un cibercafé 24 horas a unas cuadras de aquí”, recordó Ribs. No es ideal, pero a esta hora estará prácticamente vacío. Es demasiado arriesgado, protestó Ema. “Podrían estar monitoreando lugares así.” No tenemos muchas opciones, respondió Camila. Necesitamos la información y necesitamos movernos rápido. Finalmente, Ema asintió.
Con extrema precaución, el trío abandonó el refugio, manteniéndose en las sombras mientras avanzaban por callejones secundarios hacia el cibercafé. El establecimiento era tal como Ribes lo había descrito, un local pequeño y descuidado con computadoras anticuadas. iluminado por luces fluorescentes parpadeantes.
A esa hora solo había un empleado medio dormido tras el mostrador y un par de clientes solitarios absortos en sus pantallas. Emma se dirigió a la computadora más alejada de la entrada en una esquina que le permitía observar tanto la puerta principal como la salida de emergencia.
Sus dedos volaron sobre el teclado mientras accedía a una serie de sitios aparentemente inconexos, utilizando una metodología que Marcus y ella habían desarrollado para comunicarse de forma segura. Camila y Rifs permanecieron cerca, aparentando casualidad mientras vigilaban constantemente el entorno. “Algo está mal”, murmuró Emma súbitamente, su rostro palideciendo mientras leía un mensaje codificado. “Marcus activó la señal de peligro.
¿Qué significa exactamente?”, preguntó Camila, inclinándose para observar la pantalla donde solo veía lo que parecía ser un foro de discusión sobre observación astronómica. Es un código que establecimos. Este poste específico con estas palabras clave significa que ha sido capturado o está bajo vigilancia extrema. Ema continuó navegando frenéticamente.
La hora de publicación indica que esto ocurrió hace menos de una hora. ¿El punto de encuentro sigue en pie? Preguntó Ribs. No lo sé, admitió Emma. La frustración evidente en su voz. El protocolo habitual sería abortar, pero dejó otro mensaje. Sus dedos se detuvieron sobre el teclado, un código que no reconozco completamente, pero hay referencias al Motel Riverside y al primer lugar donde nos conocimos. El Motel Riverside está en las afueras orientales de la ciudad, comentó Camila.
Y el primer lugar donde se conocieron sería el MIT, respondió Emma automáticamente. Nos conocimos durante una conferencia interuniversitaria de tecnología emergente en 2007, un año antes del programa de intercambio. Se quedó pensativa por un momento. No, no se refiere a eso.

Se refiere a la cafetería de Shadow Creek, fue donde los cinco nos reunimos por primera vez al llegar al pueblo. rápidamente cerró las ventanas del navegador, borrando todo rastro de su actividad. Tenemos que ir al motel primero. Creo que dejó algo allí para mí. Algo que no quería confiar a comunicaciones electrónicas. Podría ser una trampa, advirtió Revives. Es un riesgo que debemos tomar, respondió Emma poniéndose de pie.
Si Marcus ha sido capturado, la información que ha recopilado es nuestra única esperanza de exponer todo esto. Mientras salían del cibercafé, ninguno de ellos notó la figura solitaria que los observaba desde el otro lado de la calle. Vestido con ropa oscura y común, se mimetizaba perfectamente con las sombras urbanas.
Sus movimientos tenían una precisión casi mecánica mientras activaba discretamente un dispositivo de comunicación implantado en su muñeca. “Objetivo localizado”, murmuró Jake Sullivan. sus ojos carentes de la calidez y curiosidad que alguna vez los habían caracterizado. Procediendo a seguimiento, un pequeño implante en su 100 derecha pulsó levemente, transmitiendo datos biométricos a un centro de control remoto.
La cicatriz que lo rodeaba brillaba tenuemente bajo la luz de las farolas. Por un instante fugaz, algo pareció agitarse en la profundidad de su mirada al observar a Emma, un eco distante del hombre que alguna vez había sido. Pero la pulsación del implante se intensificó y la momentánea chispa de reconocimiento se desvaneció, reemplazada por la fría determinación programada del activo Lázarus. Instalaciones de Blackwood.
Ubicación clasificada en las montañas de Colorado. En una sala de operaciones subterránea, el director observaba múltiples pantallas que mostraban diversas transmisiones de datos. Su rostro, parcialmente oculto en la penumbra, permanecía impasible mientras estudiaba la información entrante.
“Estado del sujeto Chen?”, preguntó sin apartar la mirada de los monitores. “En tránsito, señor”, respondió un técnico sentado frente a una consola. Tiempo estimado de llegada, 47 minutos. El activo Lázarus, funcionamiento óptimo, ha establecido contacto visual con el Objetivo Rodríguez. está manteniendo distancia de seguimiento según el protocolo. El director asintió levemente satisfecho.
Y la tercera sujeto, una imagen apareció en la pantalla central. Sara de la Cro, su cabello ahora oscuro y corto, captada por una cámara de seguridad en lo que parecía ser una terminal de autobuses. Detectada hace 30 minutos en una estación de Grand Junction. Parece dirigirse hacia Denver”, informó el técnico. Equipo de intercepción ya desplegado.
“Excelente”, murmuró el director, permitiéndose una leve sonrisa. Después de 8 años, el grupo 23 finalmente será completado. Hizo una pausa reflexiva. “¿Es fascinante, ¿no cree? Cómo a pesar de todas nuestras intervenciones siguen gravitando los unos hacia los otros. un testimonio de la resistencia de los vínculos sociales humanos.

Incluso frente a nuestra programación más avanzada se acercó a otra pantalla que mostraba datos neurológicos complejos. El activo Lázarus es nuestro mayor logro hasta la fecha. La integración de los implantes neuronales con el condicionamiento psicológico ha superado todas nuestras expectativas. Ha habido fluctuaciones menores en sus patrones cerebrales cuando observó al objetivo Rodríguez, señaló el técnico con cierta preocupación. Esperables respondió el director con serenidad.
Los vínculos emocionales profundos dejan huellas neurológicas que ni siquiera nuestros métodos más avanzados pueden borrar completamente, pero no interferirán con su misión. hizo una pausa. De hecho, esa conexión residual es precisamente lo que hará que nuestra trampa sea perfecta.
Se volvió hacia un hombre mayor en bata de laboratorio que permanecía discretamente en un rincón de la sala. Dr. Hardwell, prepare el laboratorio de reconocimiento. Quiero comenzar con Chen tan pronto como llegue. El hombre, el mismo profesor Harwell, que había supervisado el programa de intercambio en Shadow Creek 8 años atrás, asintió con expresión sombría. Procederemos con el protocolo completo.
Por supuesto, confirmó el director. Necesitamos saber exactamente qué información ha recopilado y, más importante aún, a quién podría haberla transmitido. Sus ojos se estrecharon ligeramente. Esta vez no habrá errores. El proyecto Lázarus entrará en su fase final y los últimos cabos sueltos serán eliminados permanentemente.
En las pantallas, tres vidas seguían sus cursos predestinados, ignorantes, de que cada paso los acercaba inexorablemente a un reencuentro que ninguno de ellos podría haber imaginado, ni sobrevivir. Hotel Motel Riverside Denver, 18 de abril de 2016, 2:23 a. La neblina nocturna envolvía el decrépito motel Riverside cuando el vehículo robado que transportaba a Emma, Camila y Reifs se detuvo a una distancia prudencial.
Las luces intermitentes del letrero de neón proyectaban sombras rojizas y azules sobre el asfalto húmedo, creando un ambiente casi onírico que contrastaba con la tensión palpable dentro del automóvil. Dos patrullas policiales frente a la habitación 23”, observó Rifs utilizando unos binoculares y un vehículo sin identificación que coincide con la descripción de los que nos seguían.
“Llegamos tarde”, murmuró Emma, su rostro ensombrecido por una mezcla de frustración y temor. “Se lo han llevado.” Camila estudió meticulosamente la escena. La policía ordinaria no estaría involucrada si fueran realmente los hombres de Blackwood. Esto parece más un intento de aparentar normalidad o una forma de asegurarse que cualquier evidencia sea procesada a través de canales que puedan controlar, añadió Ribes.
Emma permaneció en silencio por un momento, sus ojos recorriendo el complejo motelero con la precisión adquirida tras años de analizar entornos para identificar rutas de escape y potenciales amenazas. Necesito entrar en esa habitación”, declaró finalmente. “¡Imposible”, respondió Ribs. Está completamente acordonada del no por la parte trasera, señaló Emma.
“Las habitaciones de este tipo de moteles suelen tener ventanas de baño que dan a un área de servicio. Los oficiales raramente cubren esos accesos adecuadamente. Camila y Ribes intercambiaron miradas de preocupación. Es demasiado arriesgado, protestó Camila. Si te atrapan, si Marcus dejó algo en esa habitación, es nuestra única oportunidad de encontrarlo.

Interrumpió Emma con determinación. Conozco sus métodos. Siempre deja una contingencia, un respaldo. Su voz adquirió un tono más suave, pero no menos intenso. No pienso abandonarlo como no pudimos evitar que abandonaran a Tyler. Tras un momento de deliberación, Camila asintió reluctantemente. Te cubriremos.
Rifs puede crear una distracción en la entrada principal mientras yo vigilo el perímetro trasero. El plan se puso en marcha con precisión cronometrada. Rips se acercó a los oficiales en la entrada, identificándose como detective, iniciando una conversación sobre jurisdicciones y procedimientos que captó la atención del personal presente.
Mientras tanto, Camila monitoreaba el perímetro posterior, donde las sombras proporcionaban cobertura suficiente para que Emma se deslizara hacia la ventana del baño de la habitación 23. La ventana, tal como Emma había predicho, estaba apenas asegurada con un precinto policial que logró cortar silenciosamente.
Con la agilidad adquirida tras innumerables escapes similares, se introdujo en el pequeño baño, aterrizando con un sigilo que habría impresionado a cualquier operativo profesional. El interior de la habitación mostraba signos evidentes de lucha. La computadora portátil de Marcus yacía destruida sobre el escritorio, cables derretidos y componentes ennegrecidos por algún tipo de autodestrucción programada.
La cama estaba revuelta con manchas de sangre en las sábanas que provocaron un nudo en el estómago de Emma. Piensa como Marcus se susurró a sí misma, escaneando metódicamente el espacio, donde esconderías algo que solo yo sabría buscar. Sus ojos recorrieron los rincones de la habitación, deteniéndose en el viejo televisor sobre la cómoda. Un recuerdo súbito iluminó su mente.
Marcus en la cafetería de Shadow Creek bromeando sobre cómo siempre escondía notas para su hermana menor bajo el televisor familiar cuando eran niños. Con manos ligeramente temblorosas, Ema se acercó al aparato y deslizó sus dedos por la parte inferior. Efectivamente, adherido con cinta adhesiva, encontró un pequeño cuaderno, lo despegó rápidamente y lo guardó en su chaqueta, justo cuando el comunicador que Camila le había proporcionado vibró con la señal de advertencia. Segundos después, voces adicionales se escucharon en el pasillo.
Emma regresó silenciosamente al baño y salió por la ventana, deslizándose entre las sombras hasta reunirse con Camila en el punto acordado. “¿Lo encontraste?”, susurró Camila mientras ambas se alejaban hacia el vehículo donde Rifs las esperaba con el motor encendido.
Emma asintió palpando el cuaderno bajo su chaqueta. Ahora necesitamos un lugar seguro para revisarlo. El vehículo se alejó discretamente del motel mientras Emma miraba por la ventanilla trasera con la constante sensación de que algo o alguien los observaba desde las sombras. No se equivocaba. A una distancia calculada, una figura solitaria monitorizaba su partida, sus ojos vacíos, reflejando momentáneamente las luces parpadeantes del letrero del motel.

Encontraron refugio temporal en un almacén abandonado cerca de los antiguos distritos industriales de Denver. El lugar, polvoriento y desatendido, ofrecía la ventaja de múltiples salidas y escasos vecinos que pudieran notar su presencia. Bajo la atenue luz de una linterna, Emma abrió finalmente el cuaderno de Marcus.
Las páginas estaban llenas de una escritura compacta y precisa, intercalada con diagramas, coordenadas y códigos que solo alguien familiarizado con su sistema podría interpretar completamente. “Es un mapa,” murmuró Ema pasando cuidadosamente las páginas, no solo de las instalaciones, sino de toda la estructura organizativa, nombres, jerarquías, proveedores de fondos.” Su voz se quebró ligeramente y ubicaciones de todos los sujetos del programa que logró rastrear.
Camila y Rifs se inclinaron sobre el documento asombrados por la meticulosidad de la información compilada. Esto es, Camila no encontraba palabras adecuadas. Evidencia irrefutable, completó Rifs. Suficiente para derribar toda la operación si llegara a las manos correctas. Emma continuó revisando el cuaderno hasta detenerse abruptamente en una página específica.
Su rostro palideció visiblemente mientras sus dedos trazaban un diagrama etiquetado como proyecto Lázarus, sujeto principal, JS. Jake susurró su voz apenas audible. Oh, Dios mío. El diagrama mostraba detallados esquemas de implantes neuronales y modificaciones cerebrales junto con tablas de medicamentos y procedimientos. En el centro, una fotografía clínica mostraba a Jake Sullivan, su cabeza parcialmente afeitada y una prominente cicatriz recorriendo su 100 derecha.
No lo mataron”, murmuró Emma, las lágrimas acumulándose en sus ojos mientras leía las notas técnicas lo convirtieron en algo más, un activo operativo. Según esto, ¿un activo operativo como un agente? Preguntó Rifs. No, respondió Emma, su voz endureciéndose mientras asimilaba la horrible verdad, como un arma. Control mental avanzado mediante implantes y condicionamiento.
Programación neurológica para suprimir recuerdos y emociones mientras mantienen intactas habilidades y conocimientos. Camila estudió las notas con creciente horror. Estos procedimientos son experimentales, pero sorprendentemente avanzados. Habla de control remoto de funciones neurológicas básicas. Marcus añadió una nota aquí, señaló Emma. señalando un párrafo escrito en un código personal que solo ellos conocían.
Dice que descubrió que Jake está activo, que lo están utilizando para Su detuvo abruptamente, el color abandonando completamente su rostro. ¿Para qué? presionó Camila suavemente. “Para rastrearnos”, completó Emma levantando la mirada con renovado terror. “A mí específicamente, Marcus cree que están utilizando nuestra conexión emocional como mecanismo de rastreo.
Jake puede sentirme de alguna manera a través de los implantes.” Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo mientras procesaban esta revelación. Finalmente fue Riv quien verbalizó el pensamiento que todos compartían. Si eso es cierto, entonces ya saben dónde estamos. Como respondiendo a sus palabras, el sonido de vehículos aproximándose rompió el silencio nocturno.

Luces de alta potencia iluminaron súbitamente las ventanas del almacén, proyectando sombras alargadas sobre el suelo polvoriento. “Tenemos que irnos ahora”, urgió Camila desenfundando su arma. Emma guardó rápidamente el cuaderno en su mochila. “¡Hay más, algo crucial? Marcus menciona un penrive con todos los datos encriptados. Dice que lo dejó en el lugar donde todo comenzó.
Shadow Creek, sugirió Ribs ya dirigiéndose hacia la salida trasera. No respondió Emma, una súbita revelación iluminando su rostro. La cafetería montaña en Boulder fue donde vi a Marcus por última vez antes de hoy. Hace 3 años. Dejamos un escondite específico allí, una tabla suelta bajo la mesa del rincón. Los tres se movieron rápidamente hacia la salida trasera, pero se detuvieron en seco cuando la puerta se abrió antes de que pudieran alcanzarla.
En el umbral, recortada contra la luz exterior apareció una figura que Emma hubiera reconocido incluso en la más absoluta oscuridad. Jake susurró su voz mezclando incredulidad, terror y un doloroso vestigio de amor nunca extinguido completamente. Jake Sullivan permanecía inmóvil. Sus ojos, una vez cálidos y expresivos, ahora fríos y analíticos, mientras escaneaban la habitación.
La cicatriz en su sien pulsaba tenuemente con una luz azulada. vestía completamente de negro con un equipo táctico minimalista que no ocultaba su físico ahora más definido y marcial que el del estudiante de antropología que Emma había conocido 8 años atrás. Emma Rodríguez pronunció con una voz mecánica, desprovista de la pasión y curiosidad que alguna vez lo habían caracterizado. Debes venir conmigo ahora. Almacén abandonado Denver.
18 de abril de 2016, 304 a El tiempo pareció suspenderse mientras Emma contemplaba a Jake, el hombre que había amado y llorado durante 8 años. Su mente registraba cada detalle, la rigidez antinatural de su postura, la ausencia de expresión en un rostro que alguna vez había sido extraordinariamente expresivo, la cicatriz pulsante en su 100 que evidenciaba la invasión tecnológica en su cerebro. Jake, repitió Emma dando un paso tentativo hacia él.
Soy yo, ¿me recuerdas? Un destello fugaz pareció atravesar los ojos de Jake, un microsegundo de reconocimiento rápidamente suprimido por el implante neural. Su mano se movió hacia un dispositivo en su cinturón. “El perímetro está asegurado”, informó a un interlocutor invisible, su voz carente de inflexión. “Tengo a los objetivos.
” Camila había posicionado discretamente su cuerpo para proteger a Emma, su arma lista, pero aún no apuntando directamente a Jakeve Camila Vázquez, departamento de policía de Denver, baje su arma y identifíquese. Jake la ignoró completamente. Su atención fija en Emma. Vendrás conmigo. Los otros serán procesados por las unidades de apoyo.
Procesados, repitió Ema, su voz quebrándose. Eso en lo que te han convertido, Jake, un procesador de seres humanos. Algo imperceptible cambió en la expresión de Jake, un leve parpadeo, una tensión apenas visible en la comisura de sus labios. El implante en su 100 pulsó con mayor intensidad, como compensando alguna actividad cerebral no programada.

“No intentes establecer conexión emocional”, respondió mecánicamente. “Los protocolos de condicionamiento son irreversibles.” Revifes había aprovechado la distracción para moverse lentamente hacia una posición más estratégica. Hay vehículos rodeando el edificio, al menos seis hombres armados aproximándose.
Tenemos menos de un minuto. Emma no apartaba sus ojos de Jake. En su mente, fragmentos del cuaderno de Marcus se entrelazaban con recuerdos de quién Jake había sido, el estudiante apasionado que podía pasar horas discutiendo sobre patrones culturales antropológicos. El hombre que escribía poesía cuando creía que nadie lo observaba.
Su risa contagiosa durante aquellas primeras semanas en Shadow Creek antes de que todo se derrumbara. “Jake, sé que sigues ahí dentro”, dijo con intensidad deliberada. Marcus descubrió cómo funcionan los implantes. El acondicionamiento puede ser poderoso, pero no puede borrar completamente quién eres.
El dispositivo en la 100 de Jake pulsó erráticamente. Un leve temblor recorrió su mano izquierda. un signo de conflicto neural que Marcus había documentado en sus notas. “Ema”, la urgió Camila en un susurro. “No tenemos tiempo.” Ignorándola, Emma dio otro paso hacia Jake, “¿Recuerdas el lago? Aquel día en Shadow Creek, cuando nos separamos del grupo y encontramos ese pequeño lago en lo alto de la montaña, dijiste que nunca habías visto un agua tan clara, que era como mirar directamente al corazón del mundo.
Jake parpadeó rápidamente, su respiración acelerándose. El implante ahora emitía un zumbido bajo, trabajando intensamente para suprimir los recuerdos que intentaban emerger. Procedimiento de extracción iniciado, anunció. Pero su voz ya no sonaba completamente mecánica. Había una nota de duda, de conflicto interno. Los sujetos deben ser. Deben ser.
Mi nombre es Emma, insistió ella, ahora a apenas un metro de distancia. Y tú eres Jake Sullivan, estudiante de antropología cultural en la Universidad de Chicago. Naciste en Portland. Tu madre es profesora de literatura. Tocabas la guitarra. La primera noche en Shadow Creek nos escapamos para ver las estrellas y me besaste bajo la constelación de Orion.
El zumbido del implante se intensificó hasta hacerse audible para todos. Jake llevó su mano a la 100, su rostro contorsionándose en una mueca de dolor. No. Protocolo de extracción prioritario. El sonido de botas aproximándose resonó en los pasillos externos. Rifs miró desesperadamente hacia una ventana lateral. Tenemos que movernos ahora o estaremos atrapados.

En ese momento crítico, Emma tomó la decisión más arriesgada de su vida. Acortó la distancia final entre ella y Jake y con delicadeza tomó su rostro entre sus manos, forzándolo a mirarla directamente a los ojos. Jake Sullivan, prometiste que me encontrarías, que nos reuniríamos junto al lago. He ido allí cada año esperándote. Su voz se quebró. Sé que sigues ahí dentro. Lucha contra ellos.
Lucha por nosotros. Durante un instante eterno, el mundo pareció congelarse. Los ojos de Jake, vacíos y programados, se encontraron con los de Emma, llenos de determinación y un amor inquebrantable que había sobrevivido a 8 años de persecución y trauma.
Entonces, como una presa cediendo bajo demasiada presión, algo se quebró en la mirada de Jake. Un destello de reconocimiento, de humanidad atravesó la programación con un movimiento brusco, arrancó el dispositivo de comunicación de su muñeca y lo aplastó bajo su bota. “Ema”, susurró, su voz completamente transformada, ronca y humana.
“¡Corre!” Sin previo aviso, se volvió hacia la puerta por donde habían entrado los primeros agentes tácticos. Con precisión letal, Jake neutralizó a los dos primeros hombres utilizando las mismas habilidades implantadas para ahora proteger a quienes debía capturar. Ahora! Gritó a Emma mientras contenía a los atacantes. Tengo control, pero el implante se recalibrará.
¡Vete! Camila tomó a Emma del brazo, arrastrándola hacia la ventana lateral que Rifs ya había forzado. “Tenemos que irnos. No puedo dejarlo otra vez”, gritó Emma resistiéndose. Jake, luchando simultáneamente contra los atacantes y contra la tecnología en su cerebro que intentaba retomar el control, la miró una última vez.
El penrive contiene la clave. Su voz comenzaba a distorsionarse nuevamente. Protocolo Phoenix, desactivación. No pudo terminar la frase. El implante emitió un pulso intenso y Jake cayó de rodillas sujetándose la cabeza con ambas manos mientras gritaba de dolor. Los agentes aprovecharon para someterlo. “Ema, no podemos ayudarlo ahora”, insistió Camila, utilizando toda su fuerza para arrastrarla hacia la salida.
La única forma de salvarlo es con lo que Marcus descubrió. Con el corazón destrozado, Emma finalmente se dio. Los tres escaparon por la ventana justo cuando refuerzos adicionales entraban al almacén. Se escabulleron por callejones secundarios, el sonido de sirenas y órdenes gritadas desvaneciéndose gradualmente tras ellos.
Varios kilómetros y vehículos robados después encontraron refugio temporal en un motel apartado en las afueras de la ciudad, registrándose bajo nombres falsos que Camila utilizaba para operaciones encubiertas. Emma permanecía sentada al borde de la cama, su mirada perdida mientras procesaba el reencuentro con Jake Camila y Revenían una conversación en voz baja cerca de la ventana, discutiendo estrategias y evaluando sus cada vez más limitadas opciones.

“El penrive está en boulder”, dijo finalmente Emma, rompiendo su largo silencio. Tenemos que recuperarlo antes de que lo encuentren. Es demasiado arriesgado volver allí, argumentó Rives. Después de lo de esta noche habrán intensificado la búsqueda. Todos los lugares asociados contigo estarán bajo vigilancia.
No tenemos alternativa respondió Emma con renovada determinación. Jake mencionó un protocolo Phoenix. Según las notas de Marcus, es un sistema de desactivación de emergencia para los implantes neurales. La información completa debe estar en ese penrive. Camila se acercó sentándose junto a Ema. ¿Estás segura que Jake sigue ahí? Lo que vimos dejó la frase inconclusa, incapaz de describir la transformación que habían presenciado.
Lo está, afirmó Emma con absoluta convicción. Por un momento pudo superar la programación. Si Marcus encontró un método para desactivar permanentemente los implantes, estaríamos hablando de rescatar no solo a Jake, sino potencialmente a otros sujetos sometidos al mismo procedimiento”, completó Camila, comprendiendo las implicaciones. “Y tendríamos un testigo directo del programa”, añadió Ribs.
alguien que no solo puede corroborar la existencia de Blackwood y las otras instalaciones, sino que literalmente lleva dentro de su cuerpo la evidencia de sus experimentos. Ema asintió extrayendo el cuaderno de Marcus de su mochila. Hay más. Marcus identificó al director del programa La mente detrás de todo esto pasó varias páginas hasta encontrar una fotografía grany. El Dr.
Alexander Wayand, oficialmente un respetado neurocientífico especializado en interfaces cerebromáquina para aplicaciones médicas. extraoficialmente el arquitecto de un programa negro de experimentación humana financiado con fondos desviados del Departamento de Defensa y la CIA. Camila estudió la fotografía con atención. Lo reconozco.
Ha testificado ante comités del Congreso sobre ética en neurociencia la perfecta fachada de legitimidad. En Según Marcus, Wayand considera el proyecto Lázarus como su obra maestra. continuó Ema. La culminación de dos décadas de investigación. Jake no es el único, pero es aparentemente el más exitoso de los sujetos.
¿Y qué hay de Sara? Preguntó Ribs. Marcus menciona algo sobre su paradero actual. Emma pasó más páginas del cuaderno. La última información confirmada la sitúa en Wyoming, siguiendo una pista sobre otra instalación llamada Eagle Point. Pero eso fue hace más de un año. Se detuvo en una página específica. Sin embargo, Marcus añadió una nota reciente aquí.

Cree que Sara podría estar en Denver ahora mismo, siguiendo la misma información que lo llevó a él a regresar. Si todos están convergiendo en Denver, no es coincidencia, reflexionó Camila. Algo está ocurriendo, algo suficientemente significativo para que arriesguen tanto. Emma cerró el cuaderno, su expresión ahora decidida y clara.
El pen drive en boulder es nuestra prioridad inmediata. Contiene no solo el protocolo Phoenix para Jake, sino la totalidad de la evidencia que Marcus ha recopilado durante 8 años. Con esa información podríamos exponer todo el programa, desde sus orígenes hasta sus actuales operaciones. No podemos ir directamente a Bulder, advirtió Rives.
Estarán monitoreando todas las rutas principales. Entonces, tomemos las rutas secundarias, propuso Emma. Conozco caminos alternativos que he usado durante años para moverme sin ser detectada. Mientras trazaban su plan, ninguno de ellos podía imaginar que en ese preciso momento, en las instalaciones subterráneas de Blackwood, Jake Sullivan estaba siendo sometido a un proceso de recalibración brutal, diseñado para eliminar cualquier rastro de la ruptura en su programación. Y en una pequeña cafetería en las afueras de
Denver, una mujer de cabello oscuro y corto observaba meticulosamente las noticias locales en un teléfono desechable, buscando cualquier información sobre actividad policial inusual. Sará de la Crois, la brillante estudiante de derecho convertida en fugitiva, había llegado a la ciudad siguiendo su propia investigación sobre Blackwood, al igual que sus antiguos compañeros.
estaba a punto de ser arrastrada hacia un enfrentamiento final con quienes habían destruido sus vidas 8 años atrás. La cuenta regresiva para exponer la verdad sobre los desaparecidos de Shadow Creek había comenzado y esta vez no habría lugar donde esconderse para ninguna de las partes involucradas. M.